jueves, 18 de marzo de 2010


LAS VOCES DE MIS VICTIMAS
Como hienas hambrientas me esperan las voces de mis víctimas,
me rodean, y se para mi respiración.
¿Quién respira? ¿quién para de respirar?
¿qué o quién se da cuenta de la invasión de las víctimas?

Respiro, vuelvo a respirar... hago espacio a la Vida.
Están todas muertas y en un momento, me pueden devorar.

Y la luna negra encima de mi cabeza...
no hay casi luz en esa escena...
pero, algo o alguien la contempla desde la distancia... uff!! ¡menos mal!

Me voy creyendo todo lo que me cuentan y no dejan espacio a la Belleza,
a la Verdad,
al ritmo de la Vida,
que quiere continuar en cada inspiración,
en cada exhalación.

Como hienas hambrientas me esperan las voces de mis víctimas,
me rodean y se para mi respiración.
Es inútil me rindo, me estoy creyendo todo lo que me cuentan,
Son mayoría… ¿ y, yo quién soy que me doy cuenta de toda esta invasiva locura?
“Respira, respira” alguna voz que no son ellas me insiste que respire.
¿Y si grito más alto que ellas? Me susurra otra voz.
No distingo de qué lugar viene esta voz, tampoco.

Estoy cayéndome a no sé donde, con todas ellas…
¡Dios! ¿dónde estás? Te necesito ahora, aquí, entre las hienas…
Me comen y Tú no haces nada, no dices nada.
No ves que soy torpe y estúpida… me creo todo con esta ceguera del ego.
¿De qué sirve llorar? ¿quién llora? ¿quién se rinde al llanto?
¿Otra voz más de ellas, las hienas?
¿Dónde está la salida?
“Respira, respira” vuelvo a escucharla otra vez.
Siento algo distinto, de repente…

El miedo marcando mis escenas más terroríficas,
Y millones de personas encerradas en el mismo fangoso miedo.
Las veo, las siento como yo contraídas de miedo,
envueltas en el mugroso miedo colectivo,
algo me eleva por encima de esta visión…

Y respiro desde otro lugar…
¿es compasión por nuestro sentir común, nuestro sufrimiento común?
¡Es el miedo de la Tierra llamando al Padre!
No estoy sola en mi locura, por salir de aquí,
Algo más profundo me conmueve a respirar libre…
Algo de mi descansa al sentir a la humanidad sufriente.
No sé qué es, no tiene nombre. ¡qué más da!!
He salido de la escena, porque tal vez he salido de mirarme el ombligo.
Entra mejor el aire, y puedo agradecer a Dios que me guía día a día, al Despertar.

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